lunes, 8 de febrero de 2010

Cartas a un Angel

El ángel vuela bajo, entre una violenta tormenta que impide que sus alas se extiendan por completo, quitándole agilidad y volviéndolo torpe. El viento le lanza una inesperada bofetada haciéndolo caer al vacío…oh ángel mío…por favor ten fuerzas y mantente vivo… ¿qué puedo hacer yo por ti, si sólo soy un simple mortal escribiendo un verso donde tú sufres? ¿Debería simplemente olvidar el dolor y mantenerte feliz?...oh ángel mío, dime por favor qué debo hacer, si para mí la felicidad sin dolor no es felicidad.

El ángel caído se soba las heridas y emite un grito mudo que es escuchado solo por las sombras distorsionadas de la noche… por la tempestad que no se apiada de el aunque esté indefenso, sino que se hace más fuerte y le moja las alas haciéndolas pesadas e impidiéndole volar, convirtiéndolo en un simple humano…oh ser divino…por favor no llores, que tus lagrimas se fusionan con la lluvia y me siento mal…yo soy el autor de tu sufrimiento y sin embargo no lo puedo parar, pues debes aprender que la vida en esta tierra no es perfecta y para ser feliz debes de luchar… oh ser divino, aguanta un poco más, te has buscado este destino y ahora no puedes volar.

Yo de nuevo aquí, desahogándome contigo, Ángel, jugando a dejarte volar para después poner el sol cerca de tus alas.

Hoy no dormiré tranquilo pensando en que estarás surcando esa oscuridad llena de destellos a la que llamas noche. Por eso vengo a evitar que disfrutes el paisaje y la tranquilidad.

El ángel atraviesa las opacas nubes nocturnas mientras la suave brisa danza con sus cabellos y le lleva el mensaje de que su Luna lo espera. La emoción que siente no se compara con el dolor que le provoca la herida que trae en la espalda, causada por una rebelde rama de roble que decidió caer justo cuando él volaba debajo…oh ángel mío, ¿Qué quieres que yo haga por ti esta vez?...si cada carta que te escribo lo hago con una de tus plumas…las plumas de tus alas, y escribiré cientos de cartas…cientos de plumas…las alas desnudas.

El ángel herido llega con su Luna y se da cuenta de que es una ilusión creada por el dolor y la sangre que ha perdido, la noche llora junto con su alma tratando de impedir que la indefensa ave caiga de picada y se estampe en el suelo, pero no puede…Hoy seré gentil (a pesar que dije que no)…y me acercaré a ti, sólo porque me ha cautivado tu hermosura, pero no dejaré que me hechices…tranquilo…curaré tus heridas…

El ángel despierta de su prolongado sueño después de ser curado. La mano que le atosiga ahora peina sus cabellos y acaricia su pálida mejilla mientras los labios que narran su historia pronuncian estas palabras:

Yo tan pequeña,

Tú tan sabio,

Y sin embargo te dejas mandar.

Yo con tus plumas,

Tú con mis versos,

Permitirías hasta tú muerte en el profundo mar.

El ángel escucha más no se inmuta por esa voz, sólo paciente, aguarda el tiempo en el que pueda dar su versión:

Tú la obstinada,

Desesperada por verme aquí,

Niegas decirlo,

Que no podrías vivir sin mí.

El ángel calla, y espera el choque, el culminar de la conversación, y su respuesta, un poco altiva, no tarda mucho:

Oh! Tú insolente,

¿Cómo te atreves a hablar así?,

¡Yo te he creado!

¡Vives latente…!

-… Siempre en tu mente debes decir -.

El silencio invade el lugar con sus notas musicales invisibles, sólo se ve una figura que las pinta con su canto de dolor.

Una pluma menos.

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